BDSM Library - El Libro del mal (spanish)

El Libro del mal (spanish)

Provided By: BDSM Library
www.bdsmlibrary.com



Synopsis: Una reunión entre amigas, antes de partir al primer año de universidad, se tuerce cuando deciden realizar el ritual descrito en un extraño libro.

Las cinco chicas se hab�an reunido para una �ltima "fiesta de pijamas" antes del primer a�o de universidad. Se conoc�an desde siempre. Hab�an ido al mismo colegio, al mismo instituto, y hab�an crecido en el mismo barrio. Ahora tal vez eran un poco mayores para una fiesta como esa, pero pronto tomar�an caminos distintos. Claro que todas hab�an prometido visitarse las unas a las otras, juntarse cada a�o, y mantener el contacto. A�n as�, en unas pocas semanas todo ser�a distinto. Deb�an aprovechar. El destino pareci� jugar en su favor. La familia de Heather se iba de viaje al completo. Ten�an la casa disponible solo para ellas. Una elecci�n inmejorable. Sin llegar a ser una mansi�n, era una casa grande con un amplio jard�n dentro de las vallas. Estaba al final de la urbanizaci�n, tras la �ltima curva. Los vecinos no molestar�an ni las oir�an, aunque tampoco ten�an pensado cometer muchos excesos. Tal vez algunas cervezas, poco m�s.  En cualquier caso, la mayor�a del vecindario tambi�n estar�a de vacaciones. Pod�an explayarse tanto como quisieran.


All� estaban, con toda la casa para ellas y segu�an reuni�ndose en la habitaci�n de Heather, como siempre. Algunas estaban sentadas en el suelo, otras en un par de sillas. Ten�an la comodidad que les hab�a dado a�o tras a�o de reuniones como esta.

Heather, la anfitriona, era una de las que se sentaban en el suelo. Resultaba conveniente para las dem�s. Con un poco m�s de metro setenta, era la m�s alta del grupo. Su rostro era m�s bien redondo, agradable. Los labios rosados, con el inferior algo m�s grueso que el superior, mostrando casi siempre una sonrisa c�lida. Las cejas eran de color casta�o claro, finas y alargadas. El cabello, casta�o oscuro, estaba dividido por una raya casi en medio, un poco inclinada hacia la izquierda, que ca�a por ambos lados de la cabeza rodeando las orejas para dejarlas a la vista, hasta casi mitad de la espalda. El mejor rasgo de aquella cara jovial y femenina era, sin lugar a dudas, los ojos. Redondos, grandes, de color azul claro.

Podr�a pensarse que con un rostro as� ya bastaba. La naturaleza deb�a estar en desacuerdo, porque le hab�a concedido el cuerpo de una aut�ntica diosa. Piernas largas, bien formadas sin necesidad de matarse en el gimnasio. Vientre pr�cticamente plano. El trasero estaba bien formado sin ser demasiado carnoso gracias a una cadera ancha. Su figura podr�a haber sido de reloj de arena, pero los pechos destacaban a�n m�s. Con una talla noventaicinco, todav�a firmes a pesar del tama�o. Si hab�a alguna pega que ponerle, aunque muy pocos la llamar�an as�, ser�a su tez algo p�lida.

Sin duda se trataba de la clase de jovencita a la que sentaba bien cualquier ropa. Aquel d�a, acorde al esp�ritu de la reuni�n, vest�a de forma c�moda. Llevaba una camiseta de tirantes, de color verde muy claro, que pugnaba por mantener los pechos en su sitio. Completaba el atuendo con pantalones de pijama grises. No era desde luego su atuendo m�s sexy, pero destacaba su aspecto juvenil.


A la derecha, tambi�n sentada en el suelo, Alyson. Era la clase de chica que uno esperaba encontrarse en series de televisi�n. Del tipo "vecina de al lado", aunque m�s atractiva. Te��a de rubio una melena hasta los hombros, cuidadosamente peinada para parecer desali�ada. Una paradoja en s� misma, pero muy efectiva para resaltar su sex-appeal natural. El rostro ten�a forma de coraz�n, con la barbilla estrecha y angulosa. Los labios m�s carnosos por el centro que por los extremos. Las cejas eran el �ltimo testigo del cabello antes marr�n. Bajo ellas unos preciosos ojos verdes, p�caros y divertidos. Era otro aut�ntico bomb�n.

El cuerpo tampoco dejaba mucho que desear. Alyson se tomaba muy en serio su apariencia. Corr�a, lo cual se dejaba ver en unas piernas fuertes y unas nalgas firmes y redondeadas. En el vientre se marcaban un poco, solo un poco, las abdominales. Los pechos, tambi�n perfectamente redondos, estaban muy cerca de la talla noventa. Para redondear a�n m�s el conjunto, se preocupaba de mantener la piel bronceada, un poco m�s clara que el color de la miel. Era un poco m�s bajita que Heather, con algo menos de metro setenta, aunque de complexi�n un tanto m�s robusta.

Esa aciaga noche hab�a elegido llevar un camis�n rosado, trasparente alrededor del vientre, pero de color s�lido tanto en los pechos como en toda la zona de la cadera. Permit�a intuir sus preciosas formas y un peque�o tatuaje con un car�cter oriental justo por encima de los gl�teos.


En una de las sillas se encontraba Anne. No era tan alta como sus amigas, tan solo metro sesenta, pero su figura resultaba una aut�ntica delicia para los ojos. Desde luego tanto sus pechos como el trasero resaltaban menos que los de Heather o Alyson, pero estaban perfectamente proporcionados. La piel era un punto intermedio entre la de sus dos amigas, con las marcas del bikini como �nico punto discordante.

Siempre le hab�a gustado llevar tan solo media melena, lisa, hasta mitad del cuello. El pelo era negro con bastante volumen, e iba peinado hacia atr�s para dejar a la vista el rostro. Los ojos eran de marr�n tan oscuro que casi parec�an negros. Los labios finos, pintados de rosa intenso. S�, era una reuni�n entre amigas, pero Anne casi siempre llevaba algo de maquillaje, como la sombra de ojos oscura. Sus rasgos eran finos, delicados. Una curiosa mezcla entre ni�a buena y mujer seductora.

Vest�a con sujetador y braguitas, ambas piezas negras, pero nada elegante o provocador. Encima llevaba una amplia camiseta, sin mangas, de color gris oscuro. Tiempo atr�s hab�a sido la camiseta con la que su hermano mayor sal�a a correr. Ahora, como buena hermana peque�a, la hab�a heredado ella.


Marian no sab�a muy bien si sentarse o recostarse sobre la c�mara. Era la �nica pelirroja del grupo. Ten�a el pelo de color claro, muy rizado. Ca�a libremente alrededor de la cara para llegar unos cent�metros bajo los hombros. Necesitaba apartarse continuamente algunos mechones para poder ver. Era en ese momento cuando se ve�an los ojos marrones bajo una cejas casi imperceptibles. Ten�a pecas en el rostro, sobretodo en el ce�o, que le hac�an parecer a�n m�s joven. Tanto su mirada como la mayor�a de sus expresiones eran bastante t�midas, enterrando el mito de la pelirroja fogosa.

Med�a m�s o menos lo mismo que Alyson, pero su complexi�n era menos voluptuosa. No es que sus pechos fuesen peque�os o su trasero poco vistoso. Al contrario, pero era  m�s bien esbelta, con una figura bonita sin excesos.

Llevaba puesta una camiseta de color morado claro. Tambi�n era de tirantes, aunque a diferencia de la de Heather, llegaba bastante arriba sin nada parecido a un escote. Las braguitas eran del mismo color, poco ce�idas.


La �ltima del grupo, Hanna, era junto a Anne la m�s bajita. Tal vez por eso siempre eleg�a la otra silla. No era voluptuosa. De hecho sus pechos eran m�s bien peque�os. Las nalgas, aunque redondeadas, segu�an la misma t�nica. Por supuesto en su caso era normal. Hija de madre japonesa, hab�a heredado muchos rasgos asi�ticos. Por eso no sorprend�a a nadie la anatom�a de aspecto delicado o los ojos un tanto rasgados. Sin embargo solo era medio asi�tica, lo cual le otorgaba otros beneficios. Al principio todo el mundo quedaba embriagado con el color verde oscuro de su mirada. En realidad el rostro era, sin lugar a dudas, su mayor virtud. Mirarla a la cara era similar a lo que uno deb�a sentir cuando contemplaba un �ngel. Ayudaba mucho a esto una sonrisa dulce, unos gestos amables, y unas facciones finas como si un escultor las hubiese trabajado durante meses. El pelo rodeaba el rostro cuidadosamente. Nadie hubiese ocultado semejante joya. Su melena parec�a lisa por arriba, pero se iba rizando seg�n se aproximaba a los hombros. Hab�a quienes pensaban que deb�a pasar horas pein�ndose, pero no le hac�a falta. De hecho hab�a intentado alisar la melena o rizarla del todo durante a�os. Al final se hab�a rendido. �Por qu� no aprovechar un don natural?

Llevaba la parte superior de un pijama blanco, sin mangas. En lugar de pantalones se hab�a puesto unas bragas negras con algunas rayas verticales blancas.


Las cinco estaban alrededor de un objeto, un libro con las portadas negras, sin ilustraciones ni t�tulos. Alyson lo hab�a comprado por internet. Esa era su idea de introducir peque�os cambios en algo que hab�an hecho durante a�os. Durante todo ese tiempo hab�an probado de todo. Hablar de chicos, coger alguna borrachera, bajar pel�culas de miedo, jugar, subir la m�sica a tope y bailar. Para la �ltima reuni�n en mucho tiempo quer�a algo distinto. Desde luego jam�s hab�an probado una sesi�n de brujer�a.

-�Se pueden comprar grimorios por internet?

Hanna era bastante esc�ptica con esos temas. Solo cre�a en las matem�ticas y en cualquier ciencia derivada de estas.

-Me parece que te han timado.

Alyson, tras un trago de cerveza, neg� con la cabeza exagerando teatralmente el movimiento. Se fing�a ofendida.

-Nadie me ha timado, zorra del sol naciente.

Hanna le ense�� el dedo central a modo de respuesta. Mientras tanto Anne examinaba las p�ginas del libro.

-Es un poco extra�o que, para ser un libro tan viejo, est� escrito en nuestro idioma.

-Vamos, el tipo que me lo vendi� dec�a que es una traducci�n. He pagado por �l menos que por las cervezas. �Qu� m�s da?, ser� divertido.

Alyson ya lo ten�a decidido. Estaba preparada para cualquier objeci�n.

-No s�.

Ahora era Heather, la anfitriona, quien expresaba sus dudas. Todas lo esperaban. Siempre era la m�s prudente. La ni�a buena.

-Jugar con estas cosas me da un poco de mal rollo.

Marian asinti� con la cabeza. Tampoco le hac�a gracia.

-Ser� divertido. - Repiti� m�s en�rgicamente Alyson. - Venga. Vamos a probar una vez.

Anne asinti�. Ten�a algo de curiosidad.

-Puede ser interesante. Nunca se sabe.

Heather segu�a vi�ndolo como una muy mala idea.

-Esa p�gina, esa que tienes abierta. Dice que hacen falta unas gotas de sangre.

Anne reley� el �ltimo p�rrafo.

-Sangre de v�rgenes.

-Pues de Alyson no nos va a servir - se burl� Hanna. - No creo que ninguna entidad oscura haga tanto la vista gorda.

La rubia arroj� una almohada contra su amiga. No estaba enfadada. Era cierto que hab�a tenido m�s relaciones que el resto, pero no era la �nica en haberse estrenado. Hanna tambi�n lo hab�a hecho ya, y Anne ten�a novio desde hac�a meses. Precisamente fue la morena quien retom� la conversaci�n.

-Dice que una entidad oscura viene a concederte un favor, si lo controlas. - Hab�a llamado la atenci�n de todas. - Podr�amos pedirle� no s�, que le de algo m�s de confianza a Marian.

Todas se rieron un poco. Marian se lo tom� un poco m�s en serio. Sab�a bien que ten�a problemas. Incluso tartamudeaba al hablar con gente a quien conoc�a poco.


Hubo unos instantes de silencio. Ninguna dijo nada. Miraron fijamente el libro. Habr�an sido incapaces de explicarlo, sin embargo se sent�an tentadas de intentarlo. �Por qu�? Era un impulso oscuro, m�s all� del deseo de ayudar a una amiga. Como si el libro las llamase. Por supuesto guardaron esas impresiones, temerosas de compartirlas. Heather fue la primera en reaccionar.

-Mejor vamos a pedir algo de comer y ponemos una pel�cula.

Alyson hizo un gesto de resignaci�n con la mano. Quer�a a Heather, pero a veces era una aguafiestas.

-Podr�amos hacerlo para demostrarles que es una estupidez.

Hanna, a�n esc�ptica, se hab�a convencido. Era la �nica forma de acabar con esa chorrada

-Mirad - insisti� Heather tomando el libro abierto. - Hay que hacer marcas por la casa, pintar una estrella de cinco puntas en el suelo, y manchar de sangre el centro.

Anne ya estaba tambi�n medio decidida. La curiosidad, natural o antinatural, pod�a con ella.

-Venga. No va a pasar nada. Tenemos toda la noche, y todo el d�a de ma�ana, para limpiar.

Alyson medio sonre�a mientras miraba triunfalmente a su amiga. Ya ten�a la mayor�a. En cualquier democracia habr�a bastado. Una fiesta de pijamas distaba bastante de ser una democracia, pero Heather acabar�a cediendo, lo sab�a. Sobretodo qued� claro al mirar a Marian. Ella no iba a pronunciarse, mucho menos cuando hab�an propuesto "ayudarla", pero la pelirroja quer�a probar. �Qui�n en su situaci�n no habr�a estado dispuesta? Adem�s, no iba a funcionar.

-Est� bien. - Dijo Heather tras un suspiro de resignaci�n. - Pero ten�is que ayudarme a limpiar despu�s, o mis padres nos matan a todas.


Primero llegaron unos peque�os v�tores, despu�s se pusieron manos a la obra. Imitaron los s�mbolos de esas p�ginas distanci�ndolos unos de otros tal como indicaban. Reunieron unas cuantas velas y pintaron la estrella con carm�n de labios rojo. Heather trajo un cuchillo bastante afilado para hacer un par de cortes. Uno en el pulgar de Marian. Nada serio, lo justo para dejar caer un par de gotas en el centro de la estrella. Otro en el suyo propio. Se escucharon algunas risas burlonas, sobretodo por parte de Alyson. Todas sospechaban que Heather a�n no hab�a tenido ning�n encuentro sexual, pero era un tema del que ella no hablaba, as� que jam�s lo hab�an confirmado hasta el momento.

Despu�s fueron cada una a un extremo de la estrella. La habitaci�n era grande, as� que hab�an intentado ocupar la mayor parte del suelo. Cada una estaba separada casi dos metros de la chica a su izquierda y a su derecha.

-Ahora me siento algo rid�cula

Hanna ve�a todo cada vez m�s absurdo. Ahora no iba a rajarse, pero le parec�a c�mico. Heather la secund�.

-Es que es una estupidez. Pero vamos a acabar r�pido para recoger esto.

Segu�a sin sentirse segura con todo el asunto. Hacerlo r�pido era la mejor soluci�n. Acabar para que dejasen de insistir.

Hab�an hecho unas peque�as notas. Cada una deb�a recitar una parte distinta, por orden. Empezaron a elevar sus vocecillas. Aunque no se dieron cuenta, se hizo el silencio m�s absoluto alrededor. Tan solo los c�nticos eran audibles. Tampoco se fijaron en la intensidad de la llama aumentando o en la luz atenu�ndose fuera del alcance de las velas. Solo se dieron cuenta cuando apareci� la criatura. No fue como en las pel�culas. Ning�n efecto de luz. Nada de fuego o de olor a azufre. Sin sonidos sordos o rayos en el horizonte. Simplemente apareci�. En un instante no hab�a nadie y al instante siguiente se encontraba justo en el centro de la estrella.

Se quedaron all�, calladas, con los ojos centrados en la bestia. Un ser de casi dos metros y medio de altura. Un poco m�s y no podr�a haberse plantado en pie sin romper el techo. Su piel era de color rojo muy oscuro. Los ojos, sin p�rpados, cejas, o pesta�as, completamente negros. Ten�a la mand�bula de un animal. Los dientes, todos con forma de colmillo, sobresal�an de la boca. Era calvo. Aunque se intu�a su constituci�n extremadamente musculosa, no pod�an verla. La bestia ten�a un par de alas membranosas que llevaba cerradas, entrecruzadas por delante, como si llevase una capa o una gabardina. A la espalda, aunque solo Hannah pod�a verla, ten�a una larga cola que ca�a hasta el suelo desde la cadera para volver a subir casi hasta los hombros. Estaba acabada en una especie de pincho.

La voz, un simple susurro inaudible a m�s de diez metros, reson� grave, con mucha potencia, en los o�dos de las chicas.

-�Cu�l es el trato?


Ahora se miraron las unas a las otras. Anne se tapaba la boca con la mano derecha para no gritar. Marian trataba de apartar la vista mirando hacia un lado y al suelo. Hanna miraba entre sorprendida y asustada, boquiabierta, mientras le temblaban las piernas. Heather negaba con la cabeza a la vez que intentaba estirar la mano en un intento absurdo por llegar al cuchillo, aunque no se atrev�a a andar. Alyson estaba tan asustada como las dem�s, pero fue la �nica que reuni� valor para hablar.

-�Qu� trato?

El ser respondi� sin apenas gesticular.

-Hab�is invocado un demonio, pero no hab�is realizado ning�n conjuro para controlarme o encerrarme. Deb�is querer algo de m�. �Qu� ten�is para ofrecer?

Alyson no sab�a qu� responder. Hab�an le�do c�mo hacer el ritual, nada m�s. Ni control ni tratos. Esto no deb�a funcionar. Heather, con un gran esfuerzo, tom� el relevo.

-�qu�? - le costaba hablar - �qu� te interesa?

El demonio sonri� mostrando las largas hileras de colmillos bien afilados.

-Un cuerpo para permanecer en vuestro mundo, unos pocos reci�n nacidos, la sangre de cien inocentes. Elegid. Tentadme.

-Nosotras no� no tenemos nada de eso. - Heather quer�a creer que podr�a hacer algo. - Esto no ten�a que funcionar, �vale? Hemos le�do un libro est�pido, solo eso. No queremos nada de ti. Si puedes� irte, no volveremos a usar el libro. Es justo, �no?

El demonio solt� unas cuantas carcajadas de nuevo solo audibles para ellas. Marian se asust� tanto que comenz� a mearse encima. Las piernas de Hanna cedieron haci�ndola caer de bruces. Anne caminaba lentamente hacia la puerta tratando de no llamar la atenci�n. Alyson y Heather, justo frente a la bestia, no se atrev�an ni a pesta�ear.

-Sois las putas m�s tontas que he visto en d�cadas. Tantos siglos en este mundo y me segu�s asombrando. Ahora ten�is vuestros avances, vuestra "sociedad de la informaci�n" - su tono era claramente una mofa. - Vuestros foros, chats, redes sociales. Con todo el conocimiento a vuestro alcance, segu�s siendo tan est�pidas como cuando viv�ais en cavernas.

En otro momento les habr�a llamado la atenci�n escuchar un demonio, un ser de la antig�edad, hablando de los lujos tecnol�gicos.

-Esto no funciona as�. Es mucho m�s divertido. Los demonios estamos obligados a cumplir nuestros tratos. Si no hay trato, ten�is que pagar el precio.

Extendi� las alas bruscamente al pronunciar las �ltimas palabras


La bestia no pretend�a volar. Tan solo quer�a quitar el obst�culo que sus propias alas le supon�an. En el vientre ten�a al menos una docena de tent�culos que salieron disparados por doquier. Debajo, su miembro viril se extend�a casi treinta cent�metros, y a�n estaba fl�cido. Resultaba m�s amenazador que sus dos enormes brazos acabados en garras tan afiladas como dagas.


El p�nico se extendi� descontroladamente por la habitaci�n. Heather, entre gritos, trat� de llegar hasta la mesilla donde estaba el cuchillo. No vio al demonio corriendo a velocidad impensable  para un ser de su tama�o, ni el golpe con el dorso de la mano que la arroj� contra la pared de frente. La joven cay� desliz�ndose hasta quedar de rodillas, aturdida, con el antebrazo entre la frente y el muro.


Marian se arrastraba, a�n de bruces en el suelo, hacia la ventana a su espalda. Temblando de terror, consigui� levantarse. Casi empez� a correr. Entonces mir� hacia atr�s. Dud�. No pod�a dejar a sus amigas all�. Busco algo, cualquier cosa, mirando de un lado a otro. En ese momento uno de los tent�culos la impact� en el vientre con fuerza, suficiente para hacerle escupir algo de sangre. No la hab�a tumbado de milagro. El tent�culo se meti� bajo su camisa para recorrer r�pidamente el camino hacia arriba. Durante el recorrido rasg� la fr�gil prenda arranc�ndola casi de cuajo, exhibiendo as� los modestos pero hermosos pechos, del tama�o justo para alguien como ella, con pezones entre rosado y rojizo.

Ella intent� sin ning�n �xito quit�rselo de encima a manotazos. Al final el ap�ndice subi� m�s hasta enrollarse fuertemente en su cuello cortando casi toda la respiraci�n. Marian lo agarr� con ambas manos, intentando tirar hacia fuera, pero fue incapaz de hacer nada mientras la levantaba del suelo, momento en que comenz� a patalear alocadamente. Un segundo tent�culo atac� directamente la vagina, penetr�ndola con braguitas incluidas. Habr�a sangrado incluso de no ser virgen. Gesticul� para gritar, sin embargo tan solo se escuch� un gemido ahogado, lo �nico para lo que ten�a algo de aire. As� que no fue capaz de defenderse mientras el ap�ndice la violaba salvajemente.


Al ver la escena, Alyson no lo dud�. Pod�a disfrutar meti�ndose con sus amigas, provoc�ndolas o haciendo bromas a su costa. A la hora de la verdad era muy protectora con ellas, como si fuese una hermana mayor. Agarr� la silla m�s cercana para a continuaci�n golpear al demonio. La bestia ni se inmut�, no obstante encontraba aquello especialmente molesto. Lanz� un tent�culo a cada pierna y otro a cada brazo. Aunque la chica forcejeaba, no era rival para la fuerza de un monstruo. Pronto estaba suspendida en el aire formando una equis con las cuatro extremidades.

El demonio se acerc� a ella. Con la garra del dedo �ndice fue cortando el camis�n, de arriba abajo. Se control�, quer�a mantenerla m�s o menos intacta por el momento. Eso no impidi� algunos ara�azos en el vientre, dejando finos hilillos de sangre. Con la fina prenda cortada, la tela se desliz� a ambos lados del cuerpo, quedando colgada tan solo gracias a los tirantes que, instantes despu�s, fueron seccionados del mismo modo.

Alyson estaba totalmente desnuda, suspendida casi en horizontal. Los pechos, demasiado firmes para aplastarse completamente por la gravedad, coronados por dos peque�os pezones de color marr�n claro, ca�an a ambos lados. Gritaba y lloraba mientras no dejaba de intentar soltarse. Su sexo completamente depilado quedaba al aire, expuesto a la vista de su agresor.

El demonio destin� dos tent�culos m�s a la rubia. El primero la penetr� analmente, sin pre�mbulos. La joven abri� la boca tanto como la mand�bula le permit�a. Boqueaba como un pez fuera del agua. El segundo tent�culo lleg� a la altura de las tetas. En lugar de usarlas para masturbarse, comenz� a dar fuertes latigazos, arrancando nuevos gritos.


Mientras Heather hab�a intentado atacar al demonio, Anne no hab�a encontrado un �pice de valor en su interior. Ten�a que salir de all�. Jam�s podr�a volver a mirarse al espejo por dejar a las dem�s atr�s, pero �qu� otra cosa pod�a hacer? En cuanto pudo se levant�. Corri� hacia la puerta. Estaba cerrada. �Por qu� la hab�an cerrado si no hab�a nadie m�s en casa de Heather? Era una costumbre, una de esas cosas que hasta hace escasos minutos le parec�an de vital importancia. Ahora se le antojaban est�pidas. La abri� r�pidamente. Justo antes de salir por la puerta vio fugazmente a Heahter. Su amiga se recuperaba. Cruzaron las miradas tan solo un instante. Anne fue incapaz de sostenerla m�s tiempo. Cuando se vio libre de obst�culos sali� corriendo sin ver el tent�culo seguirla. Se enroll� al pie antes de dejarla avanzar dos metros. Anne cay� de boca al suelo. Ya estaba siendo arrastrada hacia atr�s cuando fue consciente de cuanto estaba ocurriendo. El demonio tir� de ella hasta dejarla tumbada junto a �l.

-�No!, a mi no, �a m� no!

Contra todo pron�stico, el demonio sinti� curiosidad por la s�plica. Le encantaban esas peque�as muestras de ego�smo. La dej� hablar.

-�Un cuerpo!, dices que quieres un cuerpo. Toma el de una de ellas. Es lo que quieres, �no? Luego nos dejas ir a las dem�s.

La traici�n resultaba a�n mejor para todo demonio. �Qu� mejor muestra de vileza? All� estaba una jovencita intentando vender a sus amigas para salvar el pellejo.

-�Te parezco una hembra?

Anne se apresur� a negar con la cabeza. El demonio arranc� entonces primero la camisa y luego la ropa interior.  Sin duda una visi�n agradable. Cadera y senos perfectamente proporcionados. Ten�a un peque�o tri�ngulo de vello p�bico que ayudaba m�s bien poco a ocultar el sexo. Claro que pronto hab�a poco que cubrir. Tal como la ten�a, boca abajo contra el suelo, un segundo tent�culo la penetr� tan salvajemente como a sus amigas. Anne apret� dientes y p�rpados mientras todo el cuerpo se sacud�a por el bombeo de su violador, por los golpes de la p�rfida extremidad contra las sensibles paredes de su vagina. Gimi� de dolor, dej� que las l�grimas arruinasen la sombra de ojos. No protest� ni intent� defenderse. Pens� que cuando el demonio acabase la dejar�a en paz.


Durante todo ese tiempo Hanna hab�a tenido ocasiones para reaccionar. �Reaccionar c�mo? A diferencia de Marian, no ten�a ninguna ventana cerca. La puerta era una opci�n incluso peor porque el monstruo estaba justo en mitad del camino. Pens� en agarrar alg�n objeto del que valerse en el ataque. Alyson, m�s robusta, ni siquiera hab�a causado un rasgu�o. Heather hab�a tenido a�n menos suerte sin poder llegar al menos a acercarse. Las aproximaciones directas estaban fuera de discusi�n. De hecho se preguntaba si un arma convencional podr�a da�ar a semejante aberraci�n. Fue cuando pens� en algo. El mismo demonio hab�a mencionado conjuros para controlarle o encerrarle. Si los hechizos de invocaci�n contenidos en el grimorio funcionaban, tambi�n deb�a contener esos otros.

A rega�adientes, recrimin�ndose a s� misma, ignoro los sucesos de los alrededores. Se movi� en silencio hasta el escritorio de la habitaci�n. All� estaba el libro junto a los m�viles. Pas� r�pidamente la vista de cada uno al siguiente. Todos sin cobertura. Hannah era una joven inteligente, curiosa. De tener menos prisa se habr�a preguntado si la presencia del demonio alteraba en modo alguno los campos magn�ticos y el�ctricos de los alrededores. Habr�a pensado sobre la posibilidad de una adaptaci�n a los nuevos tiempos por parte de la bestia. �Acaso no hab�a mencionado las virtudes de internet? Habr�an sido valoraciones interesantes. Carec�a del tiempo o la calma necesarias. Pas� inmediatamente al libro. Rebusc� apresuradamente. P�ginas hacia delante, p�ginas hacia atr�s. Un �ndice habr�a resultado demasiado bonito para ser cierto.

Finalmente crey� dar con algo. Aprovech� el pintalabios de la mesa para dibujar r�pidamente un pent�culo. Susurr� los primeros versos del conjuro. Tras la tercera o cuarta frase uno de los tent�culos se enred� en su pie izquierdo como lo hab�a hecho en el de Anne hac�a tan solo unos instantes. Hannah trat� de agarrarse a la mesa volc�ndola en el intento. A pesar de perderle la pista al libro sigui� tratando de liberarse. Lleg� a clavar las u�as en el suelo consiguiendo �nicamente romperlas a la vez que rasgaba sus propios dedos.

El demonio pose�a facultades innaturales. Justo ese tipo de facultades eran necesarias para hacerle frente. Ninguna de las j�venes las ten�a.

Hannah not� el tent�culo tirando hacia arriba. Cuando quiso comprender la situaci�n ya estaba de cabeza en el aire. Solo la sujetaba de un pie. La otra pierna ca�a hacia un lado en un �ngulo cercano a los noventa grados.

-Buen intento, zorra.

Esas palabras confirmaron la teor�a de Hannah. Finalmente hab�a encontrado una llave capaz de salvarlas. Ya no ten�a el libro a mano, pero el demonio no contaba con algo. La joven ser�a d�bil incluso comparada con otras chicas de su edad. A cambio era lista. A pesar de la situaci�n hab�a memorizado cada palabra del conjuro. No le import� que otro tent�culo la desnudase con la misma brutalidad que a sus amigas. Tampoco le molest� ver la melena cayendo al suelo. Simplemente sigui� recitando. Una vez terminase podr�a llorar o acurrucarse en una esquina.

-Deja de decir guarradas.

El tent�culo que acababa de desnudarla se introdujo con fuerza en la boca de Hannah, abri�ndose un hueco a trav�s de sus preciosos labios , profan�ndolos. Casi le parti� el cuello al echarla hacia atr�s. Hannah agarr� el ap�ndice con ambas manos intentando sacarlo. Mordi� hasta hacerse da�o en la mand�bula. Nada sirvi�. Su cabeza segu�a movi�ndose de atr�s a delante con cada nueva embestida. Los pechos, dos peque�os mont�culos acabados en areolas y pezones de color caramelo, ca�an en direcci�n a la mand�bula, sin llegar muy lejos. A�n as� resultaba hipn�tico verlos agitarse. Al final se hab�a convertido en una estudiante medio japonesa siendo violada por tent�culos. Solo la diferenciaba que, al igual que sus compa�eras, era mayor de edad. De todos modos tampoco habr�a sabido verle la gracia.


Heather consigui� reincorporarse. Hab�a visto fugazmente a Anne intentando escapar. Todo lo dem�s se reduc�a a ruidos y gritos. Tras levantarse, a�n un poco mareada, gir� para dejar la espalda apoyada en la pared. El espect�culo le revolvi� el est�mago.

Marian apenas apoyaba la punta de los pies en el suelo mientras el tent�culo segu�a apretando cada vez m�s el cuello. Al mismo tiempo el segundo segu�a viol�ndola despiadadamente. Ya no quedaba nada de virgen en su sexo. El rostro de la joven comenzaba a enrojecerse mientras la lengua asomaba t�midamente entre los labios.

Al lado, Hannah hab�a intentado sacar de su boca el miembro invasor utilizando ambas manos. Tras fracasar, ahora colgaban libremente. El demonio la hab�a levantado un poco, as� que solo rozaba el suelo con la punta de los dedos. Las l�grimas ca�an entremezcl�ndose con la melena. La cabeza se agitaba tan fuertemente que estaba un poco mareada, eso sin contar las ganas de vomitar.

Anne segu�a sin defenderse. Permanec�a en el suelo apretando las manos en un infructuoso intento de soportar el dolor. Era la m�s afortunada. Aunque estaba siendo violada, el segundo tent�culo solo la manten�a atrapada en el suelo. Medida totalmente innecesaria, no iba a enfrentarse a semejante fuerza de la naturaleza. Emit�a gemidos lastimeros a cada nueva penetraci�n. Incluso dichos gemidos trataba de contenerlos, como si temiese hacer enfadar al monstruo.

Alyson ya se hab�a quedado af�nica de gritar. El ano a�n no se hab�a acostumbrado al tama�o del tent�culo invasor que parec�a empe�ado en llegar al menos hasta el est�mago. Por si eso fuese poco, los latigazos segu�an destroz�ndola. Ten�a los pechos, los hermosos pechos, llenos de ara�azos y cortes. El abdomen, el interior de los muslos, los brazos. Todo hab�a corrido la misma suerte. La piel bronceada estaba salpicada con su propia sangre aqu� y all�. El demonio la hab�a mantenido en un estado de constante dolor. Como buen torturador, sab�a mantener el punto exacto en el que la agon�a resultaba insoportable, pero la v�ctima a�n no perd�a el sentido. Alyson, una chica valiente, fuerte, hab�a resistido tanto como pudo. Los m�sculos de sus extremidades se hab�an tensado mientras ella intentaba encontrar cualquier oportunidad de liberar al menos uno de los brazos o una de las piernas. El cuerpo joven y firme estaba tambi�n cubierto de sudor. El tiempo de resistir, sin embargo, ya hab�a pasado. Entre gritos de agon�a se escuchaba alguna s�plica.


Ese era el panorama para Heather. Momentos atr�s hab�a sido la �nica voz de la raz�n. La �nica que optaba por ser sensatas.

El demonio la mir� fijamente. Segu�a torturando a sus amigas mientras la miraba a ella cargado de lujuria. Temblorosa, camin� hasta el cuchillo, sin dejar de mirar a la bestia. Necesito un par de tientos con las manos antes de agarrarlo y levantarla apuntando hacia delante, como si lo quisiera de escudo entre ambos. Un escudo insignificante.

-Desn�date.

Heather escuch� la voz. No reaccion�. A parte de ser demasiado t�mida, estaba viendo a sus mejores amigas violadas brutalmente. Desde luego hab�a pocos incentivos para obedecer. Con los ojos llorosos, las manos temblando, levant� a�n m�s el cuchillo.

-Su�ltalas. - La voz tambi�n temblaba. - Por favor. �No es suficiente?

Amenaz� con un par de punzadas al aire. Visto desde fuera era claramente rid�culo.

El demonio llev� a Alyson, sin soltarla, justo en medio de ambos. Quer�a que la viese bien. Tan bruscamente como hab�a entrado, sac� el tent�culo del ano. La rubia gimi� de dolor al notar su orificio vaciarse de golpe. Al mismo tiempo cesaron los latigazos.

Por un momento Heather pens� haber conseguido algo. Agarr� a�n m�s fuerte el cuchillo, tal vez consiguiese disuadirlo del todo. Quiz�s el monstruo solo se mostrase tan fuerte cuando no hab�a ninguna amenaza seria.

El demonio sigui� actuando. Uno de los dos tent�culos se enroll� al abdomen de Alyson, justo por encima de la cadera. El otro se enroll� a la altura del pecho, pasando por las dos axilas. Al principio nada parec�a estar ocurriendo. Pronto Alyson comenz� a gritar de dolor. Las abdominales se tensaron. La joven renov� fuerzas para tirar con brazos y piernas. Fue in�til.

-�Para!, ��qu� haces?!

Heather no recibi� una respuesta con palabras. Solo escuch� los gritos de Alyson elevarse un par de tonos. Desde all� todo ocurri� muy r�pido. Los dos tent�culos tiraron en direcciones opuestas. La piel de la rubia comenz� a desgarrarse un poco por encima de la altura del est�mago. Sonaba como un trozo de tela rasg�ndose. Despu�s crujieron algunos huesos. Finalmente la espina dorsal se parti� en dos. Ya sin resistencia, un grupo de tent�culos separ� el torso de las piernas. V�sceras y sangre cayeron al suelo bajo la joven. Despu�s los tent�culos arrojaron cada mitad hacia paredes opuestas. Las piernas ten�an espasmos. Daban la impresi�n de estar dando algunas pataditas. La parte superior golpe� contra la pared antes de caer al suelo boca arriba. En sus �ltimos momentos, Alyson palp� tratando de encontrar el sitio donde deb�a tener la parte baja del abdomen. All� ya no hab�a nada.

-�Oh Dios!, �Oh Dios!,Oh�

Los ojos quedaron abiertos, congelados e inertes.

Heather e incluso Anne hab�an gritado, horrorizadas, sin parar. Sus suplicas hab�an ca�do en oidos sordos. Heather dej� caer el cuchillo. El demonio, mientras tanto, moviliz� los tent�culos que hab�an quedado libres. Dos fueron hacia Hannah, penetr�ndola tanto anal como vaginalmente. La joven asi�tica grit� a trav�s del tent�culo en su boca.

Marian, cuyos pies ya no tocaban el suelo, recibi� la tercera extremidad directamente en el culo. Debi� percibir el dolor porque se retorci� cuanto pudo, pero segu�a m�s concentrada en la alarmante falta de ox�geno.

Los tres restantes atacaron a Anne. Como Hannah, acab� penetrada en todos los orificios, obligada al sexo oral y anal por primera vez en su vida. Eso hab�an sido solo dos de los tres. El tercero entr� tambi�n en la vagina. Entre ambos ocupaban demasiado. De no haber estado boca abajo, se habr�a visto un bulto en el vientre, avanzando y retrocediendo sin piedad.

-Desn�date.


Heather, hist�rica, en mitad de un ataque de p�nico, comprendi�. No ten�a tiempo siquiera para llorar la espeluznante muerte de su amiga. El demonio daba una instrucci�n. Ni advertencias ni amenazas. Cada negativa significaba presenciar algo horrible. Solo pod�a hacer algo. Obedecer.

Con las manos temblorosas comenz� a quitarse la camisa. Cuando llegaba a la altura de los pechos se detuvo. Apunto estuvo de dejarla caer. Cerr� los ojos para proseguir con su labor. Los pechos quedaron libres en todo su esplendor. Dos perfectos mont�culos de carne, piel blanquecina, pezones de areolas redondas, rosadas. El cuerpo de una diosa.

-�Por qu� no te marchas?

Pregunt� entre lloros mientras se cubr�a con ambas manos.

-Ya est�s aqu�. Puedes ir donde quieras.

El demonio se�alo los pantalones con la mano izquierda. La joven llor� un poco m�s. Gir� el rostro para evitar el contacto visual con aquella criatura. Lentamente desliz� las manos hasta la goma de sus pantalones, volviendo a revelar sus magn�ficas tetas. Baj� la �ltima prenda. No fue sensual como un striptease. No se puso a bailar ni intent� excitar a nadie. Tan solo se baj� los pantalones torpemente. Al ser un pijama, no llevaba bragas. Pronto dej� a la vista su sexo cubierto por una peque�a mata de pelo rizado. Tan solo depilaba cuanto pod�a asomar de un bikini, un poco m�s para evitar posibles descuidos.

Intent� agacharse para cubrir mejor los pechos y la vagina. El demonio se apresur� a agarrarla por la melena con la mano derecha, forz�ndola a ponerse en pie.

-�Por qu� no me voy? No puedo abandonar las marcas que hab�is dibujado en la casa. �Para qu� iba a necesitar un cuerpo si no?

La bestia ri� mostrando las fauces. Pasado un tiempo volver�a a su mundo. Deb�a aprovechar el tiempo.


Acerc� la cabeza a la chica. Sac� la lengua, larga, asquerosa, y maloliente. Comenz� a lamerla sin ternura alguna, empezando por el est�mago, el ombligo, y llegando hasta los pechos. All� se detuve un buen rato.

Heather lloraba y negaba con la cabeza. Miraba en todas direcciones menos hacia el monstruo.

Alrededor, Marian ya no tocaba el suelo con los pies. La saliva ca�a libremente de su boca abierta. Pataleaba con fuerza. Aunque los tent�culos segu�an viol�ndola, ella ya les daba poca importancia. Apenas los sent�a. Llevaba demasiado tiempo sin introducir ox�geno en el cuerpo. Sufr�a espasmos por todo el cuerpo. Uno de los brazos a�n intentaba quitar el tent�culo del cuello. El otro se estiraba hacia delante como si intentase agarrar algo.

Hannah estaba cerca de la pelirroja. No se le escapaba que su amiga iba a morir estrangulada. Aunque segu�a colgada por el pie, se encontraba a menos de un paso de Marian. Estir� la mano derecha tanto como pudo. Le cost� mucho esfuerzo, mucha tensi�n en el hombro y el abdomen. Era como intentar hacer abdominales. A pesar de todo consigui� estrechar el brazo de su amiga. Fue poco tiempo. Pudo sentir la vida escaparse de Marian. Not� las u�as clav�ndose en su propio antebrazo. Llor� e intent� tirar de su amiga. Al final solo pudo sostenerle la mano hasta el �ltimo momento.

Los tent�culos siguieron viol�ndolas sin contemplaciones. El que estaba aferrado al cuello de Marian sigui� ejerciendo m�s presi�n de forma progresiva. Los huesos llegaron a ceder por la fuerza, aplast�ndose entre crujidos. La cabeza comenz� a moverse de forma grotesca al no tener sus puntos de apoyo naturales.


El demonio forz� a Heather a darse la vuelta, quedando de espaldas a la bestia. Adem�s, tambi�n ten�a el espejo de su habitaci�n justo delante. Si miraba pod�a verse a s� misma desnuda. El demonio la levant� por el pelo. Ella grit� de dolor. Para aliviarlo solo pudo aferrarse con ambas manos al brazo de la bestia, intentando mitigar la presi�n. Los pechos se levantaron un poco m�s, dando un espect�culo a�n mejor. Cualquier hombre habr�a tenido una erecci�n al verla. El demonio no era distinto, excepto que su erecci�n equival�a a medio brazo. Utiliz� la mano libre para agarrar a Heather por el torso, as� le fue m�s sencillo dirigirla. Ella pataleaba. Intent� cubrirse con las piernas, encontrar un punto de apoyo. Al forcejear sus senos se balanceaban m�s. Cuando abr�a las piernas, ocasionalmente, pod�an verse los labios vaginales, prietos, inexplorados hasta el momento.

El demonio coloc� el glande a la entrada del sexo de su v�ctima. Despu�s solo necesit� dejarla descender. La gravedad se encarg� del resto.

Heather sinti� el dolor m�s grande de su vida. Mir� al espejo para ver el miembro de su violador hundido en ella. De un solo golpe hab�a roto el himen y desgarrado parte de las paredes vaginales. Al principio no grit�. Se quedo mir�ndose a s� misma, horrorizada, viendo el enorme miembro entrar y salir, cada vez con m�s sangre. Vio su precioso rostro torci�ndose por el dolor. Las l�grimas, la boca abrirse cuanto pudo para gritar. Contempl� todo eso antes de escuchar un grito desgarrador. El suyo propio.


Anne cre�a ser incapaz de aguantar m�s dolor. No quer�a ni pensar el estado de su vagina y �tero al ser penetrado por dos tent�culos a la vez. Sab�a que deb�a ser malo.

Tambi�n gritaba a trav�s del ap�ndice que violaba su boca. Ya no sab�a cuanto tiempo llevaba as�. Por su limitada experiencia sexual, al principio hab�a pensado que ser�a breve, que los tent�culos seguir�an en ella hasta correrse. Ahora estaba menos segura. �A caso iban a correrse?, �por qu�?, �por qu� no lo hab�an hecho ya? La verdad se escapaba a sus conocimientos. Aquella bestia sent�a tanto placer haciendo da�o como fornicando. Los tent�culos no eran �rganos sexuales, eran simples armas naturales. La bestia se habr�a saciado con el simple hecho de golpearlas hasta reducirlas a una pulpa informe de sangre, v�sceras, y huesos. Sin embargo quer�a algo m�s, quer�a hacerlas sufrir. Sab�a que las mujeres sent�an m�s angustia siendo violadas. El sufrimiento aumentaba cuanto m�s asco, repulsi�n, o desprecio, les causaba su agresor. Por eso Anne, al igual que el resto, se estaba llevando el paquete completo. Violada por aquellos ap�ndices, sufriendo el dolor de una doble penetraci�n, asustada tras ver el grotesco espect�culo de la muerte de Alyson. Su �nica esperanza hab�a sido que el demonio acabase r�pido, pero ahora esa esperanza se desvanec�a. A�n sin conocer los motivos, comprendi� que durar�a mientras resultase divertido para su agresor.


Heather continuaba gritando mientras no dejaba de llorar. Su vagina no acababa de adaptarse al tama�o desmedido de aquel maldito falo. Cada penetraci�n dol�a al menos tanto como la anterior. Adem�s, el ritmo salvaje con el que la estaba violando no ayudaba. Con una sola mano la obligaba a subir y bajar, como si se estuviese masturbando con ella. Sus pechos se agitaban violentamente. Sub�an con fuerza para despu�s bajar cual peso muerto y volver a rebotar hacia arriba. De no haber estado sintiendo como su sexo se estaba desgarrando, habr�a resultado una sensaci�n muy desagradable.

Al principio hab�a seguido mirando al espejo. Hab�a visto la sangre derram�ndose cada vez que parte del miembro sal�a de ella. Las piernas agit�ndose en busca de alguna posici�n en la que pudiese acomodar mejor el pene invasor. Suficiente para quebrar la cordura de cualquiera. Por eso ahora se tapaba la cara con ambas manos, como si creyese que al no verlo resultar�a m�s f�cil.


Ninguna de ellas sab�a que el tiempo de su agresor se iba agotando. En el fondo �l habr�a preferido alg�n tipo de pacto que le permitiese quedarse all� un poco m�s. Ten�a muchas ideas en la cabeza sobre c�mo divertirse a�n m�s. Quiz�s su suerte mejorase la pr�xima vez. Lo cual le record� que deb�a garantizar una pr�xima vez.


Anne not� los tent�culos salir de su cuerpo. Ano, vagina, boca, todo qued� vac�o en un instante. La sensaci�n le resulto extra�a, dolorosa cuando las extremidades salieron. En esos momentos de conmoci�n, dos tent�culos la agarraron por los brazos. Sin ning�n tipo de delicadeza la arrastr� por la habitaci�n. Anne no supo demasiado claramente donde iba hasta que se encontr� frente al maldito libro. Lloraba tanto que tard� unos instantes en identificarlo.

-Abre la �ltima p�gina.

La voz del demonio la sobresalt� tanto que al principio no not� que le hab�a soltado ambos brazos, sujet�ndola solo por el pie.

-No voy a repetirlo.

Anne record� lo ocurrido tras la �ltima orden, cuando Heather protest� en lugar de desnudarse. No quer�a acabar igual que su amiga rubia. Se apresur� a pasar p�ginas, torpemente, hasta llegar a la �ltima. All� hab�a otro conjuro, uno que solo requer�a leer ciertas palabras en voz alta. Leer un conjuro les hab�a llevado a esa situaci�n, a ese momento. Era m�s que reticente a probar de nuevo. Entonces vio por primera vez la cola del Demonio. La pas� por delante de sus ojos, muy lentamente, mostr�ndole el pincho que la coronaba. Despu�s la perdi� de vista. No supo donde estaba hasta sentirlo apretando un poco, lo justo para hacer un poco de sangre. Aquello acall� cualquier conflicto mental. Anne recito el conjuro sin entender una sola palabra de cuanto estaba diciendo. No estaban en su idioma, tan solo escritas para repetirlas fon�ticamente. Cuando acab�, el libro brill� con una luz rojiza para desaparecer unos segundos m�s tarde.

Ni siquiera el Demonio sab�a donde habr�a ido. Una librer�a, una biblioteca, la estanter�a de alguna universidad. Daba igual.

Anne tuvo poco tiempo para plantearse aquella pregunta o cualquier otra. El pincho se hundi� de golpe. El cuerpo de la joven comenz� a agitarse sin control mientras su asesino retorc�a el arma. A todos los efectos ya estaba muerta, pero su cuerpo tard� un poco m�s en enterarse.


Heather carec�a de experiencia para saber que, normalmente, los hombres aceleraban el ritmo antes de eyacular. Tampoco es que ella notase la diferencia, pero era justo lo que estaba ocurriendo. No se dio cuenta hasta que el dolor se acrecent�. Retir� las manos del rostro para ver que estaba ocurriendo. La eyaculaci�n hizo que se hinchara como en los primeros pasos de un embarazo. Ella cerr� los pu�os tratando de soportar el dolor.

Cuando acab�, el demonio levant� un poco m�s Heather para sacarle su miembro. El semen cay� mezclado con la sangre de la joven. Se escurri� por sus muslos manch�ndole casi todo el interior de las piernas. La solt�. Su miembro estaba a punto de volver a sufrir una erecci�n y pensaba volver a emplearla en Heather, pero ella no estaba en condiciones de escapar.

La chica cay� de rodillas en el suelo. No estaba tan conmocionado como para quedarse all� esperando, pero tampoco reuni� fuerzas para levantarse. Lo intent�. Las piernas no le sosten�an. Volvi� a quedar de rodillas en el suelo, sobre su propia sangre. Comenz� a gatear sin ninguna direcci�n en mente.


-No s� vosotras, pero yo tengo hambre. Volver� pronto a mi mundo. All� la comida es poco variada. As� que, si no os importa, llenar� el est�mago por aqu�.


Heather se qued� helada al escucharlo. Dio la vuelta quedando sentada en el suelo, mirando al Demonio. Este no fue a por ella. Movi� a Hannah hasta volver a ponerla entre ambos. A�n estaba de cabeza, pero le dio la vuelta usando todos los tent�culos libres que ahora ten�a. Solt� el pie para sujetarla �nicamente por los brazos. Fue retirando las dem�s extremidades dejando para el final el tent�culo de la boca. No lo hab�a introducido solo por puro placer. Deb�a callarla. Hasta ese momento.

Hannah trat� de hablar en cuanto el ap�ndice sali� de su boca. Al principio le cost� vocalizar, casi se hab�a desencajado la mand�bula y estaba un tanto mareada por permanecer de cabeza hacia el suelo. Tras unos sonidos sin sentido, mientras el Demonio la acercaba a sus fauces, finaliz� el conjuro anterior. No ocurri� nada.

-Vas a tener que empezar desde el principio. L�stima que no tengas tiempo.

Heather consigui� levantarse para caer de rodillas una vez m�s. Alz� la mano hacia su amiga. Suplic� por ella. Eso gustaba a�n m�s al demonio.

Hannah era inteligente. Brillante. Comenz� a recitar el conjuro desde el principio, lo hab�a memorizado. Hablaba tan r�pido que costaba entenderla. Entre lloros, tratando de mantener la calma. Era su �ltima oportunidad.

Al escucharla, el demonio tambi�n decidi� perder menos tiempo. Apart� la cabeza hacia un lado y mordi� directamente el cuello. Arranc� un trozo de carne y se ech� atr�s para masticarlo. Salpic� sangre como si se tratase de una fuente.

Heather grit� con todas sus fuerzas. Fue lo �nico que pudo hacer mientras contemplaba al monstruo devorar a su amiga que, al principio, estaba viva. Al final no quedaba nada de Hannah.


El demonio volvi� a centrar su atenci�n en la �nica superviviente del grupo. Ya estaba completamente erecto de nuevo. La chica trataba de alejarse de �l nuevamente, pero no pod�a correr m�s que sus tent�culos. La agarr� de las cuatro extremidades, como hab�a hecho con Alyson antes. Volvi� a darle la vuelta para dejarla mirando al espejo. La descendi� lentamente sobre el glande, pero esta vez lo dirigi� al ano.

Heather neg� con la cabeza mientras gritaba. De nada le sirvi�. El miembro la penetr� con m�s rudeza que antes. Cuando ya estaba sodomiz�ndola, le solt� brazos y piernas. La sujet� por los costados con sus propias manos. Haci�ndola subir y bajar.

Ella intent� soltarse. Patale�, busc� algo para golpear� El cuerpo volv�a a agitarse, los pechos volv�an a balancearse salvajemente. Tras unos instantes vio la cola, ya manchada con la sangre de Anne, acercarse a su vagina.

Intent� protegerse. Le dio patadas con las piernas. Cuando eso fall� las flexion� tratando de cubrir la entrada a su sexo. El demonio sab�a que no aguantar�a as� indefinidamente, pero no le gustaba esperar. Utiliz� dos tent�culos para volver a abrirlas, solo temporalmente.

Heather, al tener las piernas inutilizadas, agarr� la cola con las dos manos justo cuando estaba a punto de entrar en ella. Consigui� retenerla unos segundos, pero no ten�a bastante fuerza. Al principio el nuevo dolor fue tolerable, despu�s el pincho se clav� en el �tero, y desde all� sigui� ascendiendo. La joven grit� con todas sus fuerzas hasta que sus sonidos ya ni siquiera parec�an humanos. En el espejo pod�a ver el bulto de la cola ascendiendo lentamente por su interior. Debi� romper algo dentro, porque empez� a sangrar m�s intensamente. El dolor no se parec�a a nada que hubiese imaginado antes. Incluso hab�a olvidado que estaban sodomiz�ndola.

El demonio le agarr� el pelo oblig�ndola a mirar hacia arriba. Pocos segundos despu�s Heather comenz� a escupir sangre, a ahogarse con ella. Finalmente la cola asom� desde la boca tras expulsar esta sangre y algunas v�sceras.

La bestia sac� r�pidamente la cola del cuerpo de Heather. La dej� caer antes de eyacular sobre ella.


En la cercan�a se escuchaban sirenas de polic�a. Alg�n vecino deb�a haber escuchado los gritos. Poco importaba, el demonio ya estaba desvaneci�ndose. Casi lament� no quedarse para escuchar las explicaciones que trataban darle a todo lo ocurrido. La gente ya no cre�a en demonios. Esa era su mejor protecci�n.

Review This Story || Email Author: sman2000



MORE BDSM STORIES @ SEX STORIES POST